Las fisuras que desaparecen.
He calculado unas 20 mudanzas a lo largo de mis años. Ojo que sólo en la adultez, contando desde que marché de casa. Si he de incluir "las otras", aquellas que forman parte de la niñez, preadolescencia y el inicio de años más verídicos, entonces una buena parte ya la olvidé. Mi familia fue de mudarse harto, y siendo franca nunca entendí mucho por qué; no se sabía si -en general- si estábamos arrancando o sólo se trataba de un "refresh", onda: ¿Nos cambiamos de casa para variar? O algo así. Parecido. Ahora que la nostalgia me lleva a recordar el pasado, sumida en un proceso de mudanza número no sé cuánto, ahora que todo se repite como diría el bueno de Jung... ahora es cuando ciertas cosas son susceptibles de ser acomodadas en un gran organigrama mental y de vida.
No sé si la gente toma consciencia de los cambios de casa, si llega a entender qué consigue y qué se ve obligado a dejar atrás (no desechar, no hablo de materialidades...). No tengo una idea maciza sobre si las personas llegan a comprender cómo pasa todo eso, el ciclo entero, las cuestiones que quedan descolgadas y que sueles ver casi por accidente. Yo por ejemplo, a propósito de rearmar o mejor dicho: "reponer" lo que ya no está (sea por extravío, por pérdida, por lo que sea...), fui notando todas las cuestiones que se perdieron indefectiblemente, no sé, un mantel, un juego de cuchillas especiales para la mantequilla, unos posavasos, una fuente en la que antes, mucho antes, preparé tremendas ensaladas, comistrajos que me recordaban a gente, a personas, a situaciones con esas gentes y con esas personas... Por supuesto, se trata de gente que ya no existe, no al menos en esta parte de la historia (la mía, por cierto). de hecho, a algunas perdí total y absolutamente la pista, a otras solo dejé de frecuentarlas, y las menos, las que duelen, me dejaron de hablar por una u otra razón. Como sea, las mudanzas nos colocan a re-ordenar, re-organizar, y para el caso además para mi ha implicado refundar. Yo si creo en la posibilidad de refundarnos. Se puede. Hay que preparase bastante eso sí.
En cualquier caso, la forma en que todo resurge es bien impresionante; a propósito -a veces- de circunstancias super accidentales (o accidentadas), de pronto caes en la cuenta de alguna anécdota, de algún hecho que conecta hechos o eventos y pfffff: los recuerdos se disparan y te ves obligado a entender qué pasó en el atrás. y cómo algunas cuestiones se perdieron en los desastres.
A modo de ejemplo, me topé en una feria libre con un pequeño juego de losa que vendía en plena calle. Por un momento llegué a pensar que era de mi propiedad (Sí, alguna vez perdí todos mis enseres pues me saquearon una bodega...). Pero al acercarme, vi algunas diferencias. Esto no impidió que un montón de recuerdos se vinieran a mi memoria, y en toda esa situación las imágenes se tornaron nítidas. Te asombras no de recordar si no de haber puesto esas memorias en una parte oculta, como si esa información relevante se hubiese guardado bajo llave para que no causara dolor.
Ahora que mi vida ha girado diametralmente (sí, conseguí mi propio lugar para vivir), repaso las circunstancias de todos los cambios de casa que sortee a través del tiempo y mucho de ese tránsito, fue puro drama, drama para salir y drama para entrar. Quizás por eso en muy pocos de aquellos lugares hubo plenitud. Ahora, en el lugar en que me encuentro, es lo mismo que se siente cuando organizas una agenda que compraste para ese propósito: ordenarte. O sea, es un lugar que tiene por objeto rehacerse, templarse, aprender a vivir en el espectro tradicional, adquirir compromisos, desear responder frente a esos compromisos, poner fe en que todo ello es posible. O sea: "el todo de nuevo", pero hecho con más consciencia... ¿Consciencia sobre qué? Sobre la posibilidad cierta de que son cuestiones que podemos perder si nos descuidamos, si nos echamos a morir, si nos enfrascamos en la negrura, si no tomas acción frente a los embates que nos golpean, si nos dejamos estar, si elegimos mal, si a la larga no nos damos cuenta de que debemos crecer, nos guste o no. Se trata de un hacerse cargo, de comprender qué es la vida adulta, de razonar cómo se actúa frente a cuestiones que nos ocurren, de resolver, y de tomar las oportunidades aprendiendo a hacer más, más con lo que se nos ofrece.
Yo sé que el lugar en donde me encuentro ahora es de transición, es la transición para ese más del que he hablando atrás, un más que tienes que desear con toda la cabeza y la voluntad. No hay de otra. Yo quiero todas las cosas que se me atraviesan por la cabeza; una casa hermosa en un mejor barrio, una casa grande en la que no tenga que estar viviendo echada en un sofá, que me tome minutos atravesarla, que tenga varias habitaciones, luminosa, con ventanales de techo a suelo, con un jardín amplio y con un a vista despejada. Quiero una casa que huela bien, esto es: que siempre esté limpia, ordenada, porque todas estas cosas son la antítesis de las cuestiones que me tocó vivir en el abandono de mi misma.
Yo sé que este MÁS, es realizable, y lo sé porque lo más tengo es plata, lo que más tengo son recursos, lo que más tengo es trabajo, lo que más tengo es habilidad para hacer y multiplicar... lo que más tengo es disposición.
Es cierto, cada día que pasa es un eterno retorno, pero supongo que es justamente para resolver lo que no hiciste bien, hasta que lo hagas, en efecto, mejor. Solo así la fisura desaparecerá y sobre ello se edificará un terreno sólido.

Comments
Post a Comment